Cuando yo era niño...
Era un apasionado de los videojuegos. Podía pasar horas enteras sumergido en mundos virtuales. Sin duda, tengo recuerdos maravillosos de esa época, pero también experimenté de primera mano los riesgos del consumo excesivo.
Los videojuegos están diseñados para ser adictivos: activan nuestro sistema de recompensas, liberando dopamina de forma rápida e intensa. Esta sensación constante de logro y satisfacción puede volverse problemática cuando no hay equilibrio. Lo viví, y sé que puede pasarle a cualquier niño.
Pero aquí viene lo interesante: descubrí que podía canalizar esa misma pasión hacia algo constructivo y potenciando mi desarrollo cognitivo. En lugar de solo consumir contenido digital, aprendí a crearlo. La programación me dio el poder de construir cosas, de ser el arquitecto de mis ideas en lugar de solo un espectador.
Ahora soy estudiante de la carrera de Ingeniería en Informática en el Instituto Profesional Virginio Gomez debido a la pasión que tengo por la informática y sus temas afines. Además, de enseñar programación a niños, y seguir estudiando temas de forma autodidacta no tan afines a la informática.